Un día, tú y yo, fuimos.
A lgún día tú y yo seremos historia. Puede que una tan caótica como las guerras devastadoras, dejando hambre, incitando revolución, cobijando poemas de amor entre los huecos más remotos de las trincheras, pero lo que es seguro es que sabrán de nosotros. Sabrán que un día fuimos dos artistas inexpertos capaces de convertir las cicatrices en arte, sabrán que llevábamos tatuado nuestro roce en cada poro de la piel, que un día llegamos a ser el vigésimo primer poema de amor de Neruda, que simplemente éramos dos aviones de papel jugándose la vida intentando volar en un cielo de fuego. Nos recordaran por el olor a café y tabaco que dejábamos en las calles, con el que las perfumábamos cada mañana, quizá de sabor amargo pero adictivo, porque nos gustaba inhalar nuestro propio humo. Sabíamos que éramos la mejor nicotina que existía, aunque también éramos conscientes de que cada calada podía ser la última. En el fondo sabíamos que solo aspirábamos a convertirnos en lo mismo que los cig...